Do It Today

La regla 1-3-5: una tarea grande, tres medianas y cinco pequeñas al día

Cómo funciona la regla 1-3-5, cómo clasificar tus tareas en grandes, medianas y pequeñas, qué hacer cuando el día se tuerce y a quién no le sirve.

La regla 1-3-5: una tarea grande, tres medianas y cinco pequeñas al día

Son las nueve de la mañana y tu lista de pendientes tiene veintitrés cosas. Algunas son importantes, otras urgentes, y unas cuantas llevan ahí desde el martes pasado. A las siete de la tarde has tachado once, y las once eran pequeñas: contestar, reenviar, pagar, pedir cita. El proyecto por el que te sentaste a trabajar sigue intacto, por tercer día seguido. Has estado ocupado todo el día y no has llegado a ningún sitio.

La regla 1-3-5 nació justo para ese día. No necesitas otra aplicación ni un sistema complicado. La regla pone un tope a lo que te propones hacer y te obliga a decidir, antes de empezar, qué tarea es la que de verdad importa.

Respuesta corta

La regla 1-3-5 es una forma de planificar el día en la que te comprometes con nueve tareas como máximo: una grande, tres medianas y cinco pequeñas. La grande requiere un par de horas de trabajo concentrado y hace avanzar un proyecto importante. Las medianas llevan entre 30 y 60 minutos cada una, y las pequeñas entre 5 y 15. La lista se prepara con antelación, la noche anterior o a primera hora, y lo que no cabe se pasa a otro día. Su mayor ventaja es que te obliga a aceptar que el día tiene un límite y a elegir la única cosa que hará que haya valido la pena.

De dónde viene la regla 1-3-5

El método se suele atribuir a Alex Cavoulacos, una de las fundadoras de la web de empleo The Muse, que lo describió como una forma de no ahogarse en listas infinitas. Desde entonces se ha extendido por blogs de productividad y han surgido variantes, pero la idea central sigue igual.

Se resume en tres puntos:

  1. Un tope. Nunca más de nueve tareas al día. Es un máximo, no una cuota que haya que cumplir.
  2. Niveles. Las tareas de distinto peso no van al mismo montón. Sabes de antemano cuál es la principal.
  3. Decidir antes. La lista se hace antes de que empiece el día, no cuando ya te están lloviendo mensajes.

Los números son orientativos. Lo que cuenta es la proporción: una tarea pesada se lleva la mayor parte de tu energía, unas cuantas medianas ocupan el resto de la jornada y las pequeñas rellenan los huecos. Si tu día es distinto, cambia la proporción. Más abajo verás cómo.

Cómo distinguir una tarea grande de una mediana o una pequeña

Casi todos los que abandonan la regla se atascan al clasificar. Escriben «grande: hacer la web» y se pasan el día sin saber por dónde empezar. Estas son las señales de cada nivel.

La tarea grande

  • Lleva entre 2 y 4 horas de trabajo concentrado.
  • Hace avanzar un proyecto u objetivo que te importa en las próximas semanas.
  • Exige pensar y tomar decisiones sobre la marcha.
  • Es fácil de aplazar, precisamente porque pesa.

Ejemplos: escribir el primer borrador de un informe, preparar las diapositivas para la reunión del jueves, estudiar un tema del temario con apuntes, diseñar la página de inicio.

Las tres medianas

  • Entre 30 y 90 minutos cada una.
  • Sabes qué hacer, pero requieren tiempo y atención.
  • Suelen ser preparación o remate de proyectos más grandes.

Ejemplos: una llamada con un proveedor, corregir un documento según los comentarios de un compañero, ordenar el correo de la semana, ir al médico.

Las cinco pequeñas

  • Entre 5 y 15 minutos.
  • Casi mecánicas.
  • Por separado parecen una tontería, pero cuando se acumulan agobian.

Ejemplos: pagar un recibo, contestar un correo, apuntar a tu hijo a natación, pedir un filtro para el agua, enviar un documento firmado.

La prueba del tamaño

Si no sabes decir cuál sería la primera acción concreta de tu tarea grande, es demasiado grande. «Hacer la web» es un proyecto. «Definir la estructura de la página de inicio y redactar los textos de los tres primeros bloques» es una tarea grande para un día.

Cómo armar tu lista 1-3-5 en diez minutos

Este orden funciona bien para casi todo el mundo.

  1. Vacía la cabeza. No ordenes nada todavía. Apunta todo lo pendiente en papel o en una nota. Suelen salir entre 15 y 30 cosas.
  2. Tacha lo que no te toca esta semana. Algunas tareas se pueden delegar, otras pueden esperar sin consecuencias y otras ya no tienen sentido.
  3. Elige la grande. Pregúntate: si hoy solo pudiera terminar una cosa, ¿cuál marcaría más la diferencia? Esa es tu tarea grande.
  4. Añade tres medianas. Primero las que tienen fecha límite o las que otras personas están esperando.
  5. Añade cinco pequeñas. Primero las atrasadas y luego las que llevan más tiempo dando vueltas.
  6. Pasa el resto a una lista de «más adelante». No se va a perder, pero hoy no la miras.

El mejor momento para hacerlo es la noche anterior. Por la mañana ya tienes la cabeza llena de cosas nuevas y eliges con menos honestidad. Si por la noche no te viene bien, la mañana también vale, siempre que sea antes de abrir el correo y el WhatsApp.

En qué orden hacer las tareas

La regla no dice nada sobre el orden, y ese es su punto débil. Esto es lo que suele funcionar.

La grande, primero o en tus mejores horas. Si eres de mañanas, son las dos o tres primeras horas de trabajo. Si rindes más tarde, quizá sea a media tarde. Lo importante es que no quede para el final del día, cuando ya no te queda energía.

Las pequeñas, en bloque. Cinco tareas pequeñas caben bien en un bloque de unos 40 minutos, por ejemplo después de comer, cuando la cabeza va más lenta. Agruparlas te ahorra cambios de contexto: entras una vez en modo «quitar pendientes» y sales una vez.

Las medianas, entre medias. Encajan bien después de la tarea grande, cuando ya estás cansado para pensar a fondo pero todavía puedes trabajar.

Te suena

Empiezas la mañana con un «primero despacho cuatro cosas rápidas y luego me pongo con lo importante». Las cosas rápidas traen mensajes, los mensajes traen más cosas rápidas y a la hora de comer la tarea grande sigue sin empezar. Las tareas pequeñas siempre parecen más cortas de lo que son, porque cada una arrastra una cola.

Por qué nueve tareas y no veinte

No hay ninguna ciencia oculta. Nueve es más o menos lo que la mayoría consigue terminar en una jornada que también tiene reuniones, pausas e imprevistos. Haz la cuenta: la tarea grande son unas 3 horas, las tres medianas suman unas 2,5 horas y las cinco pequeñas, una hora. Eso son 6,5 horas de trabajo real. El correo, la comida, las llamadas inesperadas y los cambios de tarea se comen el resto.

Si te pones veinte cosas, te estás preparando para fracasar antes de empezar. Por la noche, lo que queda sin tachar te afecta más al ánimo que a los resultados. Una lista de nueve con ocho hechas se siente como un buen día. Una de veinte con doce hechas se siente como una derrota, aunque hayas hecho más.

El tope también funciona porque te obliga a elegir. Cuando la lista no tiene fin, todo parece igual de importante. Cuando solo tienes nueve huecos, tienes que decidir qué pesa más, y esa decisión ya es la mitad del trabajo.

Cómo adaptar la regla a tu vida

La fórmula 1-3-5 piensa en una jornada de oficina con cierto margen. Si tus días son distintos, cambia los números.

Días llenos de reuniones. Si la mitad del día se te va en llamadas, prueba con 1-2-3 o incluso 0-3-5. Si no tienes un hueco de dos horas seguidas, la tarea grande no va a caber, y es más honesto reconocerlo desde el principio.

Trabajo concentrado durante horas. A quien escribe, programa o investiga a menudo le va mejor 1-1-3: una tarea enorme para media jornada, una mediana y un poco de papeleo.

Fines de semana. Mantén la estructura y cambia el contenido. Grande: limpiar a fondo el trastero o una excursión. Medianas: la compra, un café con una amiga. Pequeñas: los recados de casa.

Una semana en vez de un día. Hay quien prefiere una tarea grande por semana, tres medianas y cinco pequeñas. Funciona bien para proyectos personales a los que solo dedicas una o dos horas al día.

La única norma para adaptarla: el tope tiene que ser uno que cumplas al menos en un 80% en un día normal. Si no llegas de forma habitual, redúcelo.

A quién le sirve más y qué cambia en cada caso

Estudiantes

Las tareas de estudio se reparten solas en niveles. Grande: redactar un apartado del TFG o preparar un tema para el examen. Medianas: clase, seminario, prácticas. Pequeñas: entregar un papel en secretaría, contestar al grupo, descargar los apuntes. La trampa típica es poner como tarea grande «estudiar para los exámenes». Eso no es una tarea. Mejor: «resolver 15 ejercicios de los temas 1 al 5».

Quien teletrabaja

En casa nada marca el final de la jornada y la lista se estira hasta la noche sin que te des cuenta. Para quien teletrabaja, la 1-3-5 funciona como un freno: nueve tareas hechas, portátil cerrado. Te ayuda a no encadenar jornadas de 12 horas y a quitarte la culpa de «no he hecho suficiente».

Madres y padres

Con niños el día se corta en trocitos y tener tres horas seguidas sin interrupciones es raro. Elige una tarea grande que se pueda hacer en ratos de 40 minutos y planifica con 1-2-3 sin engañarte. Muchas de las pequeñas tendrán que ver con los niños: apuntar, pagar, comprar, preparar la mochila. Júntalas en un mismo bloque.

Personas con TDAH

Para muchas personas con TDAH, una lista corta ya es un alivio: menos tareas, menos parálisis al elegir. Ayudan algunos ajustes. Divide la tarea grande en tres o cuatro pasos y apunta el primero por separado, para tener algo concreto a lo que agarrarte. Haz las pequeñas con temporizador, o cinco minutos se convierten en media hora. Y no te castigues por una lista sin terminar: es una guía, no un examen.

Quien trabaja respondiendo peticiones

Atención al cliente, gestores de cuentas, asistentes: cualquiera cuyo día consiste sobre todo en responder. La mayor parte de tu trabajo no se puede planificar. En ese caso, usa la 1-3-5 solo para lo que haces aparte del flujo: una mejora de proceso, tres tareas de proyecto, cinco pequeñas. Si el día entero se va en peticiones, no pasa nada. Mueve el plan al día siguiente.

Cómo encaja la regla 1-3-5 con otros métodos

La regla no compite con otras técnicas. Se integra bien con ellas.

La matriz de Eisenhower. Te ayuda a decidir qué tareas entran en la lista. Lo importante y no urgente suele convertirse en la tarea grande. Lo urgente y poco importante pasa a ser una pequeña o se delega.

Cómete esa rana. El consejo de Brian Tracy de hacer primero la tarea más desagradable coincide casi del todo con la tarea grande. Si tu tarea grande es además la que más pereza te da, empieza por ella.

Pomodoro. Un temporizador de 25 minutos hace que la tarea grande imponga mucho menos. Tres horas se convierten en seis tramos y arrancar cuesta menos.

Bloques de tiempo. Si organizas el día por horas, la 1-3-5 te dice qué meter en cada bloque: la grande en el bloque de la mañana, las pequeñas después de comer.

Hábitos. Los hábitos diarios, como hacer ejercicio o leer, mejor fuera de tus nueve huecos. Van aparte. Si no, cinco de los nueve estarán ocupados cada día por lo mismo.

Lo que consigues

Al cabo de un par de semanas notas que las tareas grandes ya no se quedan un mes paradas. Cada día avanza al menos una, y el viernes has empujado cinco cosas importantes en lugar de terminar una a la carrera a las siete de la tarde.

Qué hacer cuando el día se tuerce

Hasta la lista perfecta se choca con la realidad. Estos son los casos habituales.

Te cae una tarea grande urgente. No intentes hacer dos grandes. Pasa la tuya a mañana y apúntalo. La urgente se convierte en la tarea grande de hoy.

La tarea grande resulta más grande de lo que creías. Es normal. Haz lo que puedas y anota dónde te has quedado. Mañana vuelve a ser la tarea grande, pero no empiezas de cero.

Las pequeñas se multiplican. Si durante el día te llegan cosas nuevas, no las añadas sin pensar. Pregúntate primero si tienen que ser hoy. Si no, van a «más adelante».

Te pones malo o el día se desmorona. Pasa la lista a mañana y olvídate de la culpa. El método está para ayudarte, no para ponerte nota.

Errores frecuentes y por qué pasan

La tarea grande es demasiado vaga. «Trabajar en el proyecto» es una dirección, no una tarea. Pasa porque un paso concreto asusta más que una intención general. Se arregla con una pregunta: ¿qué estará terminado esta noche si hago esto?

Todo está marcado como grande. Cuando todo parece importante, bajar algo de nivel da miedo. Al final tienes tres tareas grandes y ninguna hecha. La grande es solo una. Las otras importantes son para otros días.

La lista se hace sobre la marcha. Abriste el correo y el plan se formó con lo que había llegado. Eso es una lista con las prioridades de otros. Escribe la tuya antes de mirar nada.

Las pequeñas van primero porque son rápidas. Es el error más traicionero. Las pequeñas victorias dan sensación de avance y al cerebro le encanta. Pero casi siempre llevan más de lo previsto y la mañana se esfuma.

Lo que no terminas se arrastra sin pensar. Si la misma tarea lleva cinco días pasando al día siguiente, el problema no es el tiempo. Quizá no hace falta, quizá no sabes por dónde empezar, quizá estás esperando a otra persona. Mírala aparte.

Cuándo la regla 1-3-5 no funciona

Seamos sinceros con sus límites, porque no le sirve a todo el mundo.

Reuniones encadenadas. Con seis llamadas seguidas no habrá tarea grande por mucho que planifiques. Mejor mira la semana entera y reserva uno o dos días sin reuniones para el trabajo de fondo.

Trabajo por turnos o manual. A una enfermera, un cocinero o un repartidor el método les servirá de poco durante la jornada, porque el turno marca las tareas. Sí puede ayudar con los asuntos personales fuera del trabajo.

Semanas de un solo proyecto. Si toda la semana haces una sola cosa, como montar un vídeo o escribir un capítulo, dividir el día en 1-3-5 resulta artificial. Basta con anotar qué ha avanzado.

Agotamiento o sobrecarga fuerte. Cuando casi no te quedan fuerzas, nueve tareas son muchas. Baja a 1-1-2 o incluso a una sola tarea al día. Mantener el ritmo importa más que el volumen.

Si la regla no encaja contigo, no significa que lo estés haciendo mal. Quizá te vaya mejor la planificación por bloques o un tablero de prioridades sencillo.

Preguntas frecuentes

¿Puedo planificar menos de nueve tareas?

Sí, y a veces es lo mejor. Nueve es un máximo, no una cuota. Un día lleno de reuniones o con poca energía, quédate con una grande y un par de medianas. Lo importante es tener clara cuál va primero.

¿Qué hago si mi tarea grande no cabe en un día?

Divídela en pasos y pon como tarea grande solo el paso de hoy. En vez de «escribir el informe», planifica «escribir los apartados uno a tres». Así tienes una meta clara para la noche y sensación de avance real.

¿Las reuniones cuentan como tareas?

Si una reunión necesita preparación o dura más de media hora, trátala como una mediana. Las reuniones rápidas de 15 minutos normalmente no cuentan, o te ocuparían los huecos. En cualquier caso, tenlas en cuenta para no sobreestimar tu tiempo libre.

¿Dónde van las tareas que no entran en la lista?

En una lista aparte de «más adelante» o de la semana. Revísala una vez por semana: algunas tareas habrán dejado de tener sentido y otras pasarán a los próximos días. Eso sí, no la tengas delante todo el día, porque te distrae.

¿En qué se diferencia la 1-3-5 de elegir tres tareas importantes?

El método de las tres tareas dice: elige las tres más importantes del día y hazlas. La regla 1-3-5 añade niveles: una principal y ocho más pequeñas. Encaja mejor si tu trabajo incluye muchas cosas pequeñas que no puedes ignorar sin más.

¿Y si no consigo terminar ni la mitad?

Entonces o tus tareas son más grandes de lo que parecen o tu día tiene menos tiempo libre del que calculas. Durante unos días, apunta cuánto te lleva de verdad cada tarea. Después baja a 1-2-3 y ve subiendo cuando empieces a cumplir el plan.

¿Sirve para la vida personal y los fines de semana?

Sí, con otras tareas. La grande puede ser ordenar el armario, arreglar una estantería o ir a ver a tus padres. Medianas: la compra y un paseo. Pequeñas: recados de casa. Mucha gente descansa mejor así, porque las tareas pendientes dejan de zumbar de fondo en la cabeza.

Qué hacer hoy mismo

  1. Apunta todo lo pendiente en una sola lista. Sin ordenar.
  2. Elige la tarea que más va a hacer avanzar tu semana. Escríbela de forma que esta noche esté claro si está hecha o no.
  3. Añade tres medianas y cinco pequeñas. El resto, a «más adelante».
  4. Coloca la tarea grande en tus mejores horas y no abras el correo hasta haber trabajado en ella al menos una hora.
  5. Por la noche, mira cómo ha ido y prepara la lista de mañana.

Si quieres tener esa lista a mano, Do It Today, un registro diario gratuito, te lo pone fácil: tus nueve tareas de hoy, cada una con tres estados para marcar qué has empezado y qué has terminado, y la grande puedes ponerla en el tablero de prioridades. Para la tarea grande tienes un temporizador de enfoque que cuenta los tramos del día y de la semana, así ves cuánto tiempo se fue de verdad a lo importante. En el historial de días anteriores ves qué tareas se van arrastrando. Es gratis y se instala en el móvil como una aplicación.

Pruébalo ahora mismo

Tareas, temporizador de enfoque y hábitos en una sola pantalla. Ábrelo y ves al instante qué hacer.

Empezar gratis
Gratis. Registrarse lleva un minuto.
Paul Breit
Creador de Do It Today

Especialista en marketing y fundador de una escuela online. Organiza su propio día en este mismo gestor: de ahí salieron las tareas con tres estados, el temporizador de enfoque y el historial de días.

Sigue leyendo